Un mundo irreal

Súbitamente Aurora abrió los ojos. Miró a su alrededor, y se vio rodeada de una blancura casi hipoalergénica. Sin duda, aquella era una habitación de hospital, aunque desconocía qué eran muchos de los instrumentos que se encontraban apostados junto a su cama. Intentó incorporarse para ver mejor el micromundo donde se hallaba, pero descubrió que había olvidado cómo hacerlo. Un poco agobiada, desistió de su empeño con un suspiro.
Fue entonces cuando la voz que le había estado hablando en sueños volvió.


Despierta. Despierta. Sólo así podrás volver al lugar donde perteneces.


La abrupta entrada de una enfermera en la habitación la sacó de su ensueño. “¡No puede ser!” –exclamó la oronda mujer, saliendo rauda por donde había llegado, mientras Aurora miraba con extrañeza hacia el lugar donde esta había estado plantada.

Ahora vuelve a tu sitio.

En menos de una hora, sus hijos y su marido se habían plantado en el hospital, y no pasaron más de dos días cuando la sacaron de observación y pudo volver a su hogar, a la gran casa rodeada de bosques en la que había vivido sus primeros años en familia. Su hija Rosa ahora tenía treinta años, Anton veintiocho, y Miguel veinticinco. La última vez que les había visto, contaban con veinte menos. Y su propio marido había perdido su porte regio y se había convertido en un cincuentón rico al que habían intentado atrapar muchas mujeres. “Pero hay que ver qué bien te conservas tú, pareces una niña”, le decían incansablemente las parlanchinas visitas que recibía día sí, día también.

Vuelve con nosotros. Ya sabes dónde está la entrada.

Aurora entonces, se asomaba a los ventanales que daban al este, y contemplaba ensimismada las copas de los frondosos robles del bosque, tras los cuales se ocultaba el hermoso arroyo donde la habían encontrado con el cráneo fracturado contra una roca veinte años atrás. Por supuesto, siempre llegaba alguien que, muy oportunamente, la apartaba de aquellos ventanales y la sacaba a tomar el aire al porche del otro lado de la casa. “Mira qué hermosas están las campanillas, mamá,” le decía Rosa, “siempre te gustaron mucho”. Y Aurora reía porque le divertía cómo repicaban mientras las hadas saltaban juguetonamente de una a otra.

Ya sabes que el agua es el portal.



Una mañana de Junio, Aurora había desaparecido de su cama. En vano la buscaron por todos los alrededores sus familiares. Aurora simplemente había decidido que debía volver, y había caminado, junto con las brumas de la mañana, hacia el arroyo donde la estaban esperando sus verdaderos semejantes, y, cual Ofelia, se había dejado arrastrar por la corriente, cubierta de guirnaldas de flores, mientras el agua hinchaba sus vestiduras. Justo antes de ahogarse, unas manos la agarraron, arrastrándola hasta el fondo. Así fue como Aurora volvió a respirar vida. Su vida.

Comentarios

  1. vaya. es que después de 20 años de ensoñación se tienen que hacer muchas migas con la gente que hay dentro de los párpados.
    un relato precioso!!

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  2. me pregunto que pensara la gente cuando esta en coma acaso crearan otros mundos porque si es asi yo querria el mio propio con mis propios arboles en calidad de rascacielos , lo volveria mi mundo surrealista ufff yo quiero uno asi


    un beso de energia wiccana !!

    saty : )

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  3. Impresionante, Altan.

    Me ha encantado.

    Besos que liberen.

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  4. No se porque pero me recordo a un trip con acidos en gotas que me paso una vez, contorno surrealista, me gusto mucho, amo lo surrealista!


    PD: buen post, un beso

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  5. Me gustó eso de las dos vidas alternadas, y que triunfase la que realmente llevaba en vena. Un post muy heavy, nena, lo has bordado, la realidad de allá fuera, frente a la realidad subjetiva de las entrañas de uno. Fetén¡
    Un besazo, guapa, y gracias por pasar por casa¡

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  6. Me ha parecido... a ver cómo te lo digo... Tristemente bonito. :)

    Un beso, Altan, y encantada de descubrir tu espacio. Veo además que tienes dos más... dame tiempo, prometo visitarte en todos ellos.

    :)

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  7. Hola, soy el Dilema, te invito a que veas este nuevo blog que hemos creado con dos amigas, un beso

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  8. Altan,

    Adorei o teu blog, linda a foto deste post.

    Abraços,
    Ricardo Sérgio

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  9. Tu relato me transmite paz, mucha paz. A veces, cuando ponemos las manos tapando los oídos, pero sin ejercer demasiada presión, captamos con más nitidez el ruido que nos rodea. Me imagino esa sensación cuando describes el despertar de Aurora.

    Transmites sensaciones. Es la mejor cualidad que puedo destacar en un escritor.

    Soy Arturo, encantado. También peco de lacónico...

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  10. Jodo... uis, perdón...

    Ya sé que debería traerme mal rollo, porque se ahoga y eso, pero me da paz. Me da tranquilidad. Me da buen carma. Me da que si tuviera uno así sería dificil convercerme para que, llegado una momento, no quisiera volver...

    Un beso.

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