Wednesday, 22 October 2008

Encontrando a mis gaviotas


Gracias al consejo de un compañero de trabajo, y haciendo algo sano por fin para mi estado de ánimo, un tanto alterado por la soledad y la falta de una prueba de correspondencia, esta tarde decidí bajar al río a pasear. Sí, sí, así como suena de pueblerino.


El caso es que esta mañana me preguntaban si ya había visto cómo habían saneado las orillas del Ebro, y si había paseado por allí. Por supuesto, verlo, sí lo había visto, pero nunca se me había ocurrido bajar las escaleras del puente sola para mirar más de cerca.


Al llegar a casa tras el trabajo, la perspectiva de pasar otra tarde entera sola sentada en el sofá me tocaba bastante la moral, la falta de respuestas a mis llamadas terminaba de desesperarme, y con el recuerdo de mi ordenador estropeado, mi humor ya se bañaba en las aguas de la alcantarilla más cercana.


De repente, como Lázaro con el famoso "levántate y anda", me puse en pie pensando: "todavía no has encontrado tu rincón relajante en esta ciudad, y está claro que esta esquina del sofá no lo es" (no el sofá en general, ya os lo digo yo), y ni corta ni perezosa agarré mi mochila, metí un libro en ella, y bajo el puente que me metí. A lo largo de la orilla del Ebro, se ha habilitado una especie de paseo estrecho (esto no lo sabía, me lo contaron esta mañana), por donde la gente pasea o hace deporte. Y todo esto respetando la vegetación, que es lo más admirable.