Entradas

Mostrando entradas de abril, 2009

Más frágil que el humo

Hacía ya un rato que el cigarrillo se había consumido, y pacientemente esperaba que la última brasa, depositada dentro del paquete de tabaco vacío, se consumiera. El cartón cada vez quemaba más entre sus dedos, y la llama parecía no querer apagarse. Si soplaba, sólo conseguía encenderla más, y dejándola tal cual, se mantenía viva. El plástico que envolvía la cajita empezaba a encogerse por la temperatura. Cerró la tapa para que el aire no siguiera insuflándole vida, y dejó el paquete de tabaco sobre la mesa. Minutos después lo volvió a tocar. Aún transmitía algo remotamente parecido al calor. Volvió a abrir la tapa y miró adentro. Allí sólo había cenizas. De repente vio como, por arte de magia, la llama cobraba vida de nuevo.

El mejor medio para apagar una llama, es quitarle el aire. El mejor medio para mantenerla por siempre, dispuesta a resucitar, es guardarla donde nadie la dañe, y darle un poquito de aliento de vez en cuando.

Lo que todos dicen y hacen, versus...

Nos empeñamos en que la relación de pareja que funciona, es esa en la que dos personas se ven muy a menudo, lo comparten todo, acaban adaptando sus gustos, horarios y amistades a los del otro, o incluso sacrificando estas cosas para no defraudar a la otra persona. Sostenemos que una relación de pareja que funciona es aquella en la que los dos se mueren si no están el uno con el otro, si tienen que estar lejos. Es ideal cuando hay algún tipo de sometimiento en detrimento de uno y a favor del otro, porque se supone que ambos ceden, pero siempre cede uno más que el otro. Por supuesto, sin querer; cuando dos personas se necesitan tanto, estas cosas no van con mala intención. Si una persona no te necesita es que no te quiere, ¿no? Si no se muere por ti, otro tanto de lo mismo. Y ya no hablemos del resto.
O mejor, sí, hablemos de todo ello.

1, 2, 3, relax...

Creo que me hace falta echar un poco la vista atrás para verme a mí misma hace exactamente un año. A pesar de mi caos y mis contradicciones, puedo decir que no me disgustaba nada cómo era y cómo hacía las cosas. Los cambios son buenos, necesarios, inevitables casi siempre, pero a veces se llevan también partes muy positivas de la persona sobre la que están actuando. En mi caso, se han llevado la capacidad para abstraerme del mundo real, imaginar historias, situaciones, escenarios, y después plasmarlos. Se han llevado incluso el interés por hacerlo.

A veces me vienen a la cabeza expresiones como creatividad seca o imaginación drenada. Me sucede, por supuesto, cuando pienso en mí y en lo absorbida que estoy por banalidades como sobrevivir sin morirme de hambre y pagar el alquiler al mismo tiempo (qué risa, ¿verdad? ¿A quién le puede interesar tal tontería?). Después leo mis propios escritos (los de hace ya tiempo), y me veo incapaz de volver a repetir algo semejante, y sin ánimo siquiera…