1, 2, 3, relax...

Creo que me hace falta echar un poco la vista atrás para verme a mí misma hace exactamente un año. A pesar de mi caos y mis contradicciones, puedo decir que no me disgustaba nada cómo era y cómo hacía las cosas. Los cambios son buenos, necesarios, inevitables casi siempre, pero a veces se llevan también partes muy positivas de la persona sobre la que están actuando. En mi caso, se han llevado la capacidad para abstraerme del mundo real, imaginar historias, situaciones, escenarios, y después plasmarlos. Se han llevado incluso el interés por hacerlo.

A veces me vienen a la cabeza expresiones como creatividad seca o imaginación drenada. Me sucede, por supuesto, cuando pienso en mí y en lo absorbida que estoy por banalidades como sobrevivir sin morirme de hambre y pagar el alquiler al mismo tiempo (qué risa, ¿verdad? ¿A quién le puede interesar tal tontería?). Después leo mis propios escritos (los de hace ya tiempo), y me veo incapaz de volver a repetir algo semejante, y sin ánimo siquiera para intentarlo. No sé si ahora mismo podría pensar metafóricamente en mi propia vida como lo hacía antes, aunque tal vez sea bueno que no lo haga más, ya que decidí “emprimeropersonarme” para dejar de crear confusión.


Quizás en medio del cambio haya un periodo llamado vacío (y esto no es la primera vez que me lo planteo), y de ahí mi incapacidad para saber en qué punto me hallo, por qué reacciono a las mismas situaciones de antes de manera completamente distinta, en qué tipo de persona me estoy convirtiendo, y si este drenaje cerebral se resume en una pérdida de interés hacia aficiones anteriores, o en un cambio en la manera de enfocarlas y realizarlas.

Esta misma tarde, después de pasar uno de esos días fatales (y menos mal que excepcionales) en el trabajo, necesitaba relajarme. Me he visto en casa sentada en el sofá delante del ordenador, rodeada de un inusitado silencio, y no sé por qué, he entrado en mi blog, cuya lectura, por extraño que suene, me ha dejado mucho más apaciguada y metida en mi misma, desechando las preocupaciones que vienen del exterior: alumnos bordes, sueldos justos, amoríos, separaciones y distancias, exámenes inminentes… Es decir, las cosas que más pesan en la mochila, que no me la quito ni para estar aquí sentada “relajándome”.

A ver si ahora en levantarme, la señal de mi trasero en el sofá no es tan honda como otras veces, lo cual querrá decir que yo misma estoy mucho más ligera, y que estoy empezando a volver a este mundo más allá del real, que igual va a ser que lo necesito y todo.

Comentarios

  1. ¿Sabes? No creo que debas preocuparte. La creatividad volverá cuando la necesites de la forma más natural.

    Lucha por sobrevivir, pero no te olvides de vivir mientras tanto, ¿vale?

    (Y sonríe mucho).

    Me encanta verte por aquí.

    Besos salados ;-)

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  2. Parece que ese vacío y sentirnos extraños es un mal común, aunque trato de verle la parte positiva; es un placer saber que somos capaces de sorprendernos de nosotros mismos, que somos cambiantes hasta el punto de echar la vista atrás y no reconocernos... ¿O es ahora cuando creemos estar viendo a otra persona al asomarnos hacia dentro o cuando nos colocamos delante de un espejo?

    Quiero creer que crecemos... ¡Y eso es bueno!

    Un saludo.

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