Por más que la atraparan y acabaran castigando una y otra vez, La Mentira no podía evitar ser como era. Pensaba que no era culpa suya comportarse de esa manera, por lo cual, sólo pedía un poco de comprensión, y para ello se vestía como La Inocencia y ahí se quedaba, escondida tras ese disfraz, hasta que La Verdad la volvía a encontrar. Pobre Mentira, si lo único que pretendía ella era salvarse... salvarse de sí misma.

Comentarios

  1. Nunca podemos huir de nosotros mismos...

    Un beso disfrazado de inocente.

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