Tuesday, 28 March 2017

La última bruja, de Mayte Navales

Autora: Mayte Navales.
Editorial: Almuzara.
Páginas: 315
Saga: no.


Los nombres tienen poder. Todos lo sabemos. Y los nombres de las brujas siempre han sido más poderosos que los de los humanos, pues contienen su esencia y su magia. Por eso los ocultan. Esta es la historia de dos brujas milenarias. Y de sus nombres. Y de cómo sobreviven al tiempo. 
Greta nació en la Edad Media. Irati, mucho más vieja, pertenece a una raza extinta que ya no camina la Tierra. Es la última de su estirpe. Pero en el mundo quedan otras razas como la suya, tribus que conocen los secretos de los bosques primigenios. Y en el presente, un espíritu ancestral sobrevuela los sueños de un niño de aura azul. No solo las brujas ansían su corazón. Solo necesitan su nombre…

Heredera directa de Neil Gaiman, Stephen King, Anne Rice y Patrick Rothfuss, Mayte Navales -finalista del Premio Minotauro- combina con maestría el género del terror y la fantasía mítica para adentrarse en la oscuridad y la voracidad del corazón humano. Una novela que invita al lector a perderse en oscuros bosques, que le obliga a pasar página tras página hasta encontrar el lugar donde habitan la venganza y la pasión.



Vale, ahora viene cuando os digo qué problema tengo con todo esto que nos acaba de decir la contraportada del libro, a pesar de que gran parte sea verdad (y eso ya es raro): por favor, editores, dejad de comparar a unos autores con otros, porque les quitáis todo su carácter. Y gracias a que el libro no ha sido una decepción, os lo perdono, porque si llega a ser un bodrio después de compararlo con tales gigantes... 

Cualquier parecido con ellos es
pura coincidencia, que lo sepáis.

¿Quiere esto decir que el libro no me ha gustado?

Peor aún: ¿quiere decir que está mal escrito?


Para nada; solo quería dejar claro lo de las comparaciones, porque en la lista de libros pendientes tengo varios que hacen lo mismo: comparar a los autores con Neil Gaiman, George R. R. Martin o Patrick Rothfuss. ¡Ya vale, editoriales! Si el escritor es bueno, el escritor es como él mismo, no como otro. 

¡Y si es malo, es malo como él solo!

Me llama mucho la atención cómo MiniYo solo parece feliz cuando le ha gustado un libro o cuando insulta a alguien. En fin, que sí, que puede parecer una buena manera de convencer al lector despistado que no sabe qué libro comprar, e incluso para decir algo que puede parecer bonito sobre el escritor. Yo tengo mis reservas con que te comparen, pero igual estamos hablando de algo totalmente subjetivo, y el editor sí que estaba pensando conforme leía: esto es muy Neil Gaiman, y esto muy Anne Rice. No sé, me extraña tanta amalgama de estilos, llamadme loca. Además, SÍ es cierto que de parecidos, nada.

Ahora vamos a lo que es la obra de verdad, al margen de todo esto.

La última bruja cuenta la vida de Irati desde la Edad Media, momento en que encuentra a Greta (¿como en Hansel y Gretel? Si prestáis atención a la historia de esta brujita y su hermano, os daréis cuenta de que sí, puede ser), hasta nuestros días. Juntas, deberán despistar a los cazadores de brujas que parecen proliferar en esos tiempos, y que se las apañarán para enfrentarlas hasta que ambas se reencuentran, por fin, en la actualidad. En Madrid, dicen las malas lenguas. Se encuentran, todo hay que decirlo, porque se buscan. Sed de venganza, sí.

Se trata de una historia bastante, digamos, tranquila, que no lenta. No vamos a sumergirnos en un libro épico repleto de batallas; en él tenemos a Irati y Greta y las cosas que les pasan, no exentas, cierto es, de persecuciones y matanzas, todo aderezado con unas cuantas escenas de magia sexual.

La magia es del tipo que nos han dicho siempre que practican las brujas «malas»: el resultado de la presencia de nuestras protas en algún lugar puede empezar con una mujer que de repente sí puede dar a luz, pero sigue con un niño (o más) muerto y un marido hechizado para que abandone su lecho por las noches. Sin embargo, durante la lectura, en ningún momento tienes la sensación de que Irati y Greta sean malvadas. Por supuesto, muchas de las cosas que hacen están destinadas a salvarse a sí mismas o a aumentar sus poderes, y cuando otros personajes hacen las mismas cosas que ellas, sí te parece mal. La autora nos manipula muy bien en este aspecto, y es que nuestras brujas (sobre todo Irati, pues Greta tiene algo malo desde el principio) tienen todos los matices de gris, y empatizas con ellas hagan lo que hagan. Y por supuesto, pasas por alto sus hechizos y conjuros, tan cercanos en ocasiones a eso que llaman magia negra, aunque no lo sea.

Como veréis, es magia de la antigua; en el libro no solo veremos sangre o sexo, sino también algún que otro ser mágico tal y como dicen las leyendas que son: hermosísimos y maravillosos, la razón por la que se conservan los bosques; pero eso sí, no te arrimes. También hay una conexión muy fuerte con la naturaleza; esa magia natural que puede sacar fuerza de un roble o de una hoguera y después ponerse a manipular el clima. Pero, sobre todo, el poder del nombre, tropo ya muy conocido en la literatura fantástica y que mucha gente asocia a Patrick Rothfuss, ignorando totalmente a Ursula K. LeGuin y su nominalismo.


Qué paciencia hay que tener.


La última bruja cuenta una historia sencilla: Irati, en el presente, siente una presencia imposible, y es que se supone que Greta lleva mucho tiempo muerta. También en el presente, un puñado de niños están desapareciendo, todos amigos de un pequeño que ve cosas en sueños. La presencia de Greta en el presente hará que la historia dé marcha atrás hasta la Edad Media para contarnos cómo la encontró Irati. La historia de ambas desembocará en el Madrid actual y servirá para explicarnos qué pasa con los niños desaparecidos.

Es cierto que, aunque empatizamos con la protagonista, en un principio no se le reconocen objetivos conscientes claros, y es que, básicamente, gran parte del libro es la historia de lo que sucedió en el pasado y las claves que hay en él para entender y solucionar el presente. En aquellos tiempos, Irati y Greta solo querían sobrevivir y pasar desapercibidas, aunque probablemente esto tenga más que ver con los objetivos inconscientes que con los conscientes. A sus enemigos se les reconocen objetivos más conscientes que a ellas: destruirlas. Y esto les convierte en personajes un poco unidimensionales, es cierto, pues en algunos de ellos tal afán se basa sobre todo en que son unos fanáticos religiosos (otros sí tienen historia con ambas y les harán lamentar el día en que se encontraron); todo esto les hace, a unos y a otros, ser más terroríficos de lo que cabría pensar en unos hombres supuestamente religiosos. Tanto los que se mueven por fanatismo como los que lo hacen con razón. De verdad, no sé cuál de ellos es peor.

En el presente, ambas brujas tienen objetivos conscientes y activos muy claros: Greta quiere recuperar toda su fuerza, descubrir el nombre verdadero de Irati para poder doblegarla. Venganza, básicamente. Mientras tanto, Irati quiere rescatar a los niños perdidos, encontrar a Greta y salvarla de sí misma.

Esto está todo muy bien, de verdad: llegas a conocer y a encariñarte con dos personajes para acabar tomando partido por uno de los dos y poniéndote en contra del otro; obviamente, solo uno cumplirá sus objetivos.

ASPECTOS ESPECÍFICOS

No me voy a poner ni muy pesada ni muy concreta esta vez, pues casi no marqué nada durante la lectura 


Una, que es vaga de solemnidad.

Vale, gracias, querida.

Para empezar, la historia es toda, o casi toda, un resumen narrativo. Sí hay escenas construidas, no me malinterpretéis, aunque en proporción salen perdiendo. El caso es que los resúmenes, la mayoría de veces que te los encuentras en un libro, están ahí o bien a modo de elipsis porque no es del todo necesario contar algo de manera pormenorizada, o bien por vagancia/incompetencia del escritor (y corrector, qué queréis que os diga, a menos que sea porque el escritor no ha querido escuchar sus recomendaciones). Los resúmenes, si hay demasiados o son muy largos, son un auténtico rollo que convierten a la obra en un aburrimiento. 

El caso es que Mayte Navales se las apaña para no cansar a base de mezclarlos con escenas y con un lenguaje para nada plano (que suele ser la guinda del pastel resumen/exposición), así que esta vez no me voy a quejar.


Y eso hace que esté mu confusa. Me
apetecía sangre, pero el libro no la merece.


Pobre, pobre MiniYo.

Bien, el caso es que he visto alguna que otra cosa rara suelta por el texto: algún problema de referente por ahí y demasiadas elipsis. Sin embargo, lo que voy a resaltar son las partes en las que ¿habla? el niño. Primero, no hay excusa para meterlo en primera persona en la historia, porque: ¿con quién habla? ¿Son sus pensamientos/flujo de conciencia? (Que sí, que a veces son sueños, vale). Esta cuestión se puede ignorar perfectamente porque bueno, en cuanto a narradores, tú como escritor puedes poner los que te salgan a ti de la pluma; digamos que es un recurso para que veamos que está pasando algo muy raro en el presente, que este niño es especial, y para que acabemos atando cabos (lo cual agradezco mucho, porque la mayoría de escritores creen que somos tonticos y nos lo explican todo a la perfección). Lo que me parece más raro sobre las intervenciones del niño es el segundo punto: su lenguaje. Y es que no me resultó del todo creíble. No sabría decir si la autora no supo reflejar bien la forma de hablar de un niño de esa edad, o si es que, en conjunto, queda artificial por el recurso en sí del flujo de conciencia. Mostrarlo todo el rato a modo de escenas y anécdotas habría quedado más natural que reproducir sus pensamientos literales. 

Por cierto, esto de los pensamientos literales de los personajes en primera persona es algo que se está utilizando mucho últimamente, pues le añaden mucho dramatismo a la historia. Aquí el autor ya elige qué hacer, pero aceptad un consejo: si empleáis un narrador en primera persona, que sus pensamientos no sean parrafadas enormes, por los dioses, porque en lugar de manipular al lector añadiendo dramatismo, lo que hacéis es aburrirlo. Además, muchas veces se acaban EXPLICANDO cosas que ya habían quedado claras con lo que MOSTRÁIS (aunque esto no es exclusivo de la primera persona, ya lo sabéis -espero-).

Lo que tengo que agradecer, de nuevo, a Mayte Navales, es que las intervenciones del niño no se hicieran pesadas. Aparecía, te contaba algo, y enseguida te dejaba regresar con nuestras brujas. Aparte de dejarte intrigada.

También la documentación está muy bien hecha porque no te la cuentan con datos random, sino que está utilizada para dar vida a los escenarios. Por supuesto, esto le da una amplitud de vocabulario y una credibilidad que ya sabéis: le otorga bastante autoridad racional a la narración.

Más cosas: hay varias figuras retóricas repartidas a lo largo del texto y que es un gusto encontrárselas, sobre todo, las personificaciones de elementos naturales, como estrellas que se levantan, y a veces creando imágenes ya que nos ponemos: «el viento le trajo los nombres como hojas caídas de árboles marchitos» (quizá ya habría quedado bien sin los árboles marchitos), o «la línea de su mano revelaba su vida como un poema de un solo verso.»


Uoooooooooh...

Y sobre todo, algo muy específico que quisiera subrayar es que la autora utiliza la repetición de una metáfora específica (que no emplearé aquí -¡tachán! ¡lo dijo un mago!- ya me vale, voy a continuar antes de que MiniYo me suelte una grosería), bueno, una metáfora que se repite varias veces en todo el texto para darle cohesión a cómo veía Irati a Greta al principio, y cómo la ve al final, donde vuelve a emplear esta expresión. El momento es además muy oportuno, pues coincide con el punto álgido del conflicto entre ambas, y este recurso nos muestra cómo el amor de Irati por Greta sigue, de alguna manera, vivo a pesar de los años (y los daños). Una manipulación de la autora muy bien llevada porque de repente no nos parece tan buena idea que Irati haga con Greta eso que queríamos que hiciera: matarla. Nos hace sentir pena por ella sin decirnos literalmente «pobrecita, miradla».

Y no me pongo pesada o me saldrá un análisis gigante, como el de Róndola. Si queréis saber más de Mayte Navales, podéis seguirla en Twitter y en Facebook, y aquí tenéis otras reseñas y artículos sobre La última bruja: Libros con alma, Readings in north, (donde tampoco les gusta que nos engañen en las portadas/fajas de los libros) e Inmagazine.

Por cierto, ¿habéis visto la Selva de Irati? Mirad. 


http://turismo.navarra.com/item/la-selva-de-irati/
http://www.casasruralesnavarra.com/casas-rurales-en-selva-de-irati.html

¿Casualidad que la autora escogiera el nombre de este bosque ancestral para su protagonista? Lo dudo... ¿Os imagináis leyendo esta historia en este bosque?

2 comments:

  1. WoW, menuda pedazo de reseña, no solo por la longitud sino por lo bien pormenorizado que está el libro.
    Tras leer tu reseña no tengo muy claro si me decanto o no por este libro. Me gusta la fantasía pero como otros muchos temas, así que no se si este libro me resultaría entretenido o no. Si lo llego a probar, te cuento.
    Un saludo!

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  2. Este se lee en un suspiro. Si alguna vez te apetece leer algo de brujas, ten en cuenta que este libro no está escrito en clave de cuento. Por lo demás, a mí me enganchó bastante.

    Gracias por la visita :)

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